lunes, 8 de diciembre de 2008

Romance de una dalia y el sol


a Abigail Rubio
El padre salta de júbilo
por tener aquella dalia,
que lleva la luz del día
con los pétalos obscuros.
Los horizontes resbalan
sobre cada listón suyo,
y yo miraré la aurora
entre sus cabellos curvos,
que dicen de donde viene
cuando los cielos son surcos.
El sol es un potro lento,
lo cubre mi pulgar zurdo,
y va por la misma ruta
para ser otra vez mudo.

El padre salta de júbilo
por tener aquella dalia
con voces en alemán
entre mi rumor confuso.
No encuentro tras sus pestañas
más que el borde de otro mundo.
En la orilla del silencio,
callaré el rimar absurdo,
sus ojos serán el ritmo
de un atardecer acústico,
y su nombre dirá fuente
bajo jardines obtusos;
pues sólo yo sabré cuando
se fue la luz de su curso.

2 comentarios:

victor ibarra dijo...

le hizo mal al manuel haber caido con el federico, que ya rimando y succionando lo que no, anda.

Yaxkin Melchy dijo...

orale o.O