
Consideremos a la poesía mexicana, la que existe, sólo como una de las posibilidades de lo que pudo ser. No sé que hubiera sido de la poesía nacional sin contemporáneos y únicamente estridentistas, u otros tantos movimientos como “la espiga amotinada”, el poeticismo y el ahora mítico infrarrealismo. La pregunta es si realmente nos sentimos realizados con las obras creadas en el último siglo. Llegamos a pensar hoy, que la poesía mexicana está en crisis, pienso que la crisis, al igual que la economía, se desarrolla sucesivamente en la vida del país. México es una nación en crisis desde que nació. ¿Qué poeta mexicano del siglo XX ha reinventado la poesía? ¿Qué poeta mexicano construye o construyó una poética al límite de todas las otras? La causa de que en el país no haya gente como Enrique Verástegui, Leónidas Lamborghini o Juan Luis Martínez, se debe a una cuestión estructural sobre cómo se llega a ser poeta. SI hay mexicanos que buscaron algo atípico al cauce central, pocos se acuerdan de ellos o pasan como una extravagancia de museo.
La crisis referida no es acerca de los lectores y las editoriales, que mucho tienen que ver en el quehacer poético, está crisis es de contenido. Los lectores/consumidores de poesía siempre estaremos allí, aún creo para rato en esa “inmensa minoría” de la que hablaba Juan Ramón Jiménez y las grandes editoriales no dejaran de ser Sociedades Mercantiles con una especulación de lucro. Pero también podríamos pensar, ¿con base en qué parámetros podemos hablar de una crisis en una poesía nacional? ¿Verdaderamente existe una “poesía nacional” o nosotros creamos esa categoría para cohesionar de forma forzada a los poetas que nacieron en una región, desde provincias hasta naciones? ¿Cómo sabemos cuándo ha caducado un canon o se está degastando? No lo sé ciertamente, pero percibo erráticos y estériles muchos libros de poemas escritos por mexicanos o por lo menos, no hay una correlación con lo que se hace en otras partes, digamos solamente en América Latina.
Los poetas mexicanos no se han sacudido completamente. Hay una tendencia de escalafón en la “carrera de poeta” y una convicción de sólo ser poeta ante los demás sin comprometerse a muchas otras cosas. La mayoría de los poetas mexicanos mantiene una forma conservadora desde el discurso hasta el “entusiasmo estético” que señaló Orwell. Una postura conservadora no es mala en sí misma, es una actitud política que acepta las situaciones como están y no desea cambiarlas, ya sea por pesimismo o por comodidad. Una postura conservadora es legítima casi en todas las maneras de interacción, podemos siempre pedir un helado de chocochispas sin necesidad de probar otros. Estamos a gusto con ese sabor. Uno puede votar por el PAN porque le gusta cómo funcionan las cosas en este sexenio. No así en el arte o en la poesía. Decía Michael Oakeshott “soy conservador en política para ser liberal en lo demás”. Hay aspectos que deben de tratarse con liberalidad, el cambio en el arte es el combustible de su desarrollo. Si alguien no rompe con el paradigma estético, no habrá a la postre otro paradigma estético y el arte sería una concatenación de obras en un mismo sentido. El cambio y su acción más violenta, la trasgresión, son necesarios en la poética para transfigurar una determinada poesía.
En México no se siente ese cambio, más aún en la poesía que se hizo en casi todo el siglo XX. Supongo que nuestra circunstancia nos impidió un desarrollo cabal en el arte; sea por la institucionalización de la Revolución, por el genio de un sistema político donde la clase dirigente mantenía un proceso unilateral de poder de forma democrática y fondo dictatorial, o por la creación de instituciones estatales que regularon, administraron, dirigieron y captaron la actividad artística y el papel del artista en su utilidad social. Quizá la manifestación poética pudo ser distinta, si México hubiera sufrido con un gobierno de facto, de corte totalitario como Argentina, Chile o Cuba. Aquí coincido con Octavio Paz en eso de que “las catástrofes históricas crean buena literatura”. La idea de mantener al margen a la población civil y someterla a una opresión sistemática hace fluir el extremo de su personalidad y el límite de expresión en sus emociones. México no tuvo convulsiones de esa magnitud.
El poeta mexicano, generalizando, tuvo un acompañamiento por parte del gobierno, una tolerancia negociada entre el Estado y él. La burguesía del poeta mexicano es un rasgo distintivo y fomenta la percepción del poeta intelectual que está más allá de cualquier otro asunto de importancia, su tarea únicamente es hacer poemas y vive en la esfera de su propio ensimismamiento. Un poeta crea una fórmula, la hace y la rehace hasta convertirla en un chiste de mal gusto. Pensar que un poeta tenga ligaduras temáticas como la música, el derecho, la niñez y el sexo, puede resultar interesante dependiendo de cómo lo maneje, pero construir su obra sólo con eso es un riesgo innecesario, porque la obra poética ante todo pretende una cosmogonía. Existen muchos temas por explorar aún, desde la física y la medicina hasta el turista mundial o el juego del yo-yo. También hay otros inconvenientes como dice Eduardo de Gortari, el poeta está obligado a conocer un poco de gramática y figuras retóricas, además de elaborar una noción de lo que para él es la poesía. Veo aparte fundamentalmente estos otros problemas: 1) la actitud del autor, 2) el apego institucional, 3) el prejuicio a la obra y 4) el hermetismo de grupo.