viernes, 22 de mayo de 2009
sábado, 16 de mayo de 2009
Portarretratos (la forma de la poesía mexicana) primera parte
Los poetas mexicanos no se han sacudido completamente. Hay una tendencia de escalafón en la “carrera de poeta” y una convicción de sólo ser poeta ante los demás sin comprometerse a muchas otras cosas. La mayoría de los poetas mexicanos mantiene una forma conservadora desde el discurso hasta el “entusiasmo estético” que señaló Orwell. Una postura conservadora no es mala en sí misma, es una actitud política que acepta las situaciones como están y no desea cambiarlas, ya sea por pesimismo o por comodidad. Una postura conservadora es legítima casi en todas las maneras de interacción, podemos siempre pedir un helado de chocochispas sin necesidad de probar otros. Estamos a gusto con ese sabor. Uno puede votar por el PAN porque le gusta cómo funcionan las cosas en este sexenio. No así en el arte o en la poesía. Decía Michael Oakeshott “soy conservador en política para ser liberal en lo demás”. Hay aspectos que deben de tratarse con liberalidad, el cambio en el arte es el combustible de su desarrollo. Si alguien no rompe con el paradigma estético, no habrá a la postre otro paradigma estético y el arte sería una concatenación de obras en un mismo sentido. El cambio y su acción más violenta, la trasgresión, son necesarios en la poética para transfigurar una determinada poesía.
lunes, 4 de mayo de 2009

jueves, 16 de abril de 2009
"Yo soy la nueva Constitución de la poesía"
martes, 7 de abril de 2009
viernes, 3 de abril de 2009
lunes, 16 de marzo de 2009
FRENESÍ AUTUMNAL [noctámbulo]
mientras miro indiferente
descender del cielo a una deliciosa suripanta
y su carne radioactiva.
No tiene alas, ni lira,
ni halo, ni himen,
apenas y trae algo, casi nada,
su diminuta mortaja y su sonrisa de halógeno.
Quisiera destriparla un rato,
jugar con sus órganos como quien juega con mercurio,
ponerle fíbulas en la boca, los párpados, la nariz,
y llevarla hasta la fibrilación;
mas no me alcanza ni para un mantra.
Aturdido de pobreza vago por la urbe,
voy matando travestis, ratas y niños de la calle.
Me sumerjo en las alcantarillas,
olisqueo los intestinos de la nación;
mi estómago es un océano de arcadas negras,
vomito sombras,
me siento tan baldío como los automóviles abandonados;
quisiera dejar de querer a algunas personas
porque a veces me duele,
duele como un edificio en llamas,
como un beso en el cogote
o un disparo en el entrecejo.
Alguien ha de morir entre mis brazos
porque no conozco el número de emergencias;
en su agonía le musitaré poemas,
le hablaré del infierno y sus neoblastos
para que no tema a las amputaciones.
En vano he buscado a Lilith,
en vano he amado a Eva;
vértebra y costilla, ambas cosechadas
en los surcos de mi carne.
Quizá deba perder el esqueleto entero,
así mi llanto hallaría motivo.
¿Y si soy hijo del caos y no de Dios?,
pues me gusta traer mujeres atoradas en los colmillos,
cenizas entre las uñas,
sangre en los huecos de la camisa,
las botas mojadas por flujos feminales
y alcohol en las venas
para incendiarme cuando sea preciso.
Voy tras vértigo como un desamparado,
reposo mi demencia en una acera habitada por mariachis y demonios,
me abrigo con el cadáver de un indigente;
respiro monóxido hasta destrozar mis fosas,
vuelvo a enardecer,
violo a las mujeres que transitan solitarias
como hijas olvidadas de la luna…
Soy el Adán del nuevo milenio,
Dios me regaló todos los vicios.



